El articulo 19 de la Constitución Nacional señala “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados (…)”.
Este es uno de los fundamentos más fuertes que se presentan en el proyecto de ley 7258 que tiene el objetivo de reformar la actual ley 23737. Ley que fue sancionada 19 años atrás y que hoy está en duda su legitimidad constitucional.
La doctrina “Montalvo”, cimiento de la ley 23373, fracasó en su objetivo principal: frenar la actividad de comercialización de drogas. Solo en un 3% de los casos de arresto del consumidor personal de droga fue posible llegar al traficante. Lejos de haber disminuido, el comercio de estupefacientes se ha acrecentado a costas de una interpretación restrictiva de los derechos individuales. Interpretación que ni siquiera contempló lo dicho en la Constitución Nacional sobre la libertad de las personas en la privacidad de su casa.
Yo consumo, tu consumes, el es dealer, nosotros consumimos, vosotros cultivais, ellos son narco. Todos en cana. Policía, noche en comisaría, palos, expediente, causa, juez. No hay distinción entre un consumidor o cultivador y entre el que hace negocios con venta de droga ilegal. Con la ley actual quedamos todos manchados por igual.
Hay que entender que los hombres y mujeres que consumen lo van a seguir haciendo y los que no, no van a empezar porque la ley no los penalice. La despenalización tiene en su centro la posibilidad de que las personas que quieren cultivar su propia droga para uso personal puedan hacerlo y no tengan que comprar porro paraguayo meado. A su vez, esto haría que aquellas personas que desean fumar por placer o uso medicinal no tengan que recurrir a la compra a través de un dealer, no favoreciendo el narcotráfico.
La reforma de la ley de estupefacientes nos dejaría hacer lo que queramos puertas adentro y mientras no perjudique a un tercero. Eso sí, tené cuidado de que el humo no le llegue a Dios.


